Déficit de atención

El trompudo miró a la pareja de reojo. Dio dos pasos al frente. Dio dos paso atrás. Pareciere que no habían notado su presencia.

Ellos se besaban frente a él, sin importarles su presencia. Caray, pensó. Qué descaro.

Hacía calor. Una gruesa gota de sudor resbalaba por el cachete de Susana. Sacó un pañuelo de la bolsa y se enjugó. El observador seguí inmóvil, esperando que la parejita se desocupara para atenderlo. Intento llamar su atención moviendo la cabeza de un lado a otro. Pero nada pasaba. La parejita se encontraba ensimismada. Charlando de momento, intercambiando besos, el otro.

¿Será esto el sexo? Pensó desesperado el elefante cuando, después de varios minutos de sentirse ignorado, decidió rociarlos con su trompa.

¿A qué vienen al zoo sino es a verme?

Regaño

La vas a cagar.

Susana se detuvo, enfadada. No le gustaba escuchar esas cosas. La deprimían.

Pero es que tu no haces otra cosa más que comer.

Susana levantó la vista de su libro. Respiró profundo, intentando que aquellas palabras no la conmovieran. Pero ya eran demasiadas veces que frases tan soeces llegaran a su oído. Una vez, pensó, y no me controlo.

Bueno, niña, ¿es que quién coño te dijo que podías coger eso?

¡Carajo, señora! ¿ Nomas vino al parque a estarle jodiendo la vida a la chamaca? Susana, de pie frente a la mujer, chapeteada de coraje, miraba amenazante a la madre primeriza. La mujer se puso de pie, tomó a la nena del brazo y a salió del parque.

Susana, satisfecha, regresó a su lectura.

Enredos

Buscaste el Scrabble. Debajo de la cama. Dentro del clóset. En la sala. ¿En el baño? ¿En el auto? Recordabas tenerlo, aunque hayan pasado años desde la última vez que jugaste con él, ¿recuerdas?

Fuiste dinamita aquella tarde: HUEVOS, ZAPATOS, LLORONA, una tras otra tus palabras eran geniales y hasta de triple punto. “Parece que tienes el monopolio de las vocales, Susana”, te dijo él. Reíste con soltura, viste el tablero y soltaste SOLTURA.

Molesto ante el descalabro. Él soltó sus fichas. Detrás de tí, de pie, se acercó a tu óido y susurró: ¿qué tal si jugamos Turista?