Son suyos

Le presto el pequeño momento inolvidable, donde no hay jueces ni partes. Le obsequio aquel espacio diminuto, inmensamente diminuto, donde cabe todo menos el engaño. Le brindo este momento inadvertido y eterno, para que sus lágrimas futuras jamás lleguen. Le ofrezco esta coraza de papel y esta pluma, para que tatúe su nombre junto al garabato que me nombra. Le entrego este calvario y estos huesos; este corazón de terciopelo. Le entrego este palacio, es mi cuerpo. Le entrego estos labios descansados.

Son suyos estos besos entregados.

Defiendo

De tus labios me defiendo como pez boca abajo, como gato en el agua. Incinero mis naves y abandono, lo que siempre creí un pétalo intocable. Hoy que decido un camino de certezas, alejado de aquellos mares desafíos, la memoria, en un dejo irónico, evoca aquello que le dejé al olvido.
Sin embargo, madre selva, no te declares al triunfo todavía. Tengo entre mis armas un espejo que no olvida lo difícil que resulta vivir, vivir cerca de tí: lenta agonía.