Le presto el pequeño momento inolvidable, donde no hay jueces ni partes. Le obsequio aquel espacio diminuto, inmensamente diminuto, donde cabe todo menos el engaño. Le brindo este momento inadvertido y eterno, para que sus lágrimas futuras jamás lleguen. Le ofrezco esta coraza de papel y esta pluma, para que tatúe su nombre junto al garabato que me nombra. Le entrego este calvario y estos huesos; este corazón de terciopelo. Le entrego este palacio, es mi cuerpo. Le entrego estos labios descansados.
Son suyos estos besos entregados.