El delirio acabó pronto. Fueron varios años de felicidad y sin embargo, ella sabía que algún día todo acabaría. Incontables los besos a lo largo de los años. Janet recordó el primero como si ayer mismo lo hubiese recibibo.
Suspiró. Vio a su amado a los ojos. Una lágrima en la mejilla de él le hacía saber que no había más solución que ésta. Armada de valor, sollozando, con el corazón deshecho, tiró del gatillo.
Nunca pensé, le dijo a su amado, que terminarías convirtiéndote en zombi.