Tratamiento

El negocio de los neurotransmisores había arrojado muy buenas ganancias aquel año. Desde que la Feniletilamina sintética desapareció del mercado negro, por obra de la legalización de la misma, las acciones rascaron los cielos.

Denisse, la cabecilla principal de aquel consorcio farmacéutico, tenía algunos años preparando dos productos estrella adicionales: Dopamina y Oxitocina sintética y aumentada.
Ella se encargaba de la división de drogas recreativas y, empeñada en ofrecer algo nuevo, seguro y muy vendible, remontó a sus cursos de hormonas simples: el placer que el mismo cuerpo otorga es el mejor aprovechado.

Salió del laboratorio con dos frascos. Blancos ambos. Cada uno contenía un compuesto diferente y, olvidando etiquetarlos, los colocó dentro de un contenedor acrílico.

Entró al elevador y descendió 7 pisos, hasta la sala de los monos. Abrió los potes y tomó una pastilla de cada. Los colocó frente a uno de los monos. Ambas píldoras iguales, el chimpancé no tendría manera de distinguirlas y sin embargo no importaba. Le ofreció amabas.

El cautivo tomó y la engulló. La siguiente pastilla fue entregada al mono de la jaula contigua, hembras las dos.

Denisse apuntó algo en una libreta que llevaba y salió de la habitación. “Mañana veremos cuál de las dos amanece contenta y cuál con un dolor en los pezones…”, pensó la química, mientras insertaba dos monedas en la máquina de Coca cola.

Tras la puerta, dos monos escupían las pastillas en el bote de basura, sonriendo.

Extraño juego.

Denisse miró enfadada el módem. Los foquitos estaban rojos. No puede ser que no tengamos internet, dijo en voz alta. Mamá, ¿qué pasa con el internet? Uy mijita, si no sabes tú, menos yo.
Enfadada, sacó el móvil de su bolsillo. Recordó que tenía un app de soporte técnico. Con su dedito navegando pantallas incontables, su paciencia se diluyó hasta el punto de la frustración.
Dejó el smartphone sobre la mesa y caminó a su cuarto, tal vez algunos videojuegos la relajarían.
Subió la escalera y a la mitad, un perrito negro, juguetón, cruzó su camino. ¡Epa! ¿Y este perro? ¿Qué perro, hija? Uno negro que acabo de ver. Aquí no hay ningún perro, respondió su madre.
Ella, confundida, subió hasta su habitación. Se sentó en la cama, encendió el televisor y la consola. Tomó el control de la misma y a la par que lanzaba su primer sho ryu ken de la tarde, el horror invadió su rostro. Temblando, colocó el control en la cama junto a ella.
Salió de la habitación, bajó la escalera en silencio y se sentó de nuevo frente a la computadora. Los leds del módem estaban en verde. Entró a su facebook y cambió el estatus: Acabo de hablar con mi madre, quien tiene muerte 3 años. ¿Estaré loca?

Dos horas después, su post contaba con 37 “likes”.

Churro

El pudor me detiene, supongo.

¿Esa es tu mejor respuesta?

No tengo otra

Denisse…

¿Qué?

Dijiste que hoy  tendríamos sexo.

Lo sé, lo sé. Yo sé que lo dije pero…

¿Pero? ¿Pero?

Es que…

Ah, no sé para qué vine.

¿Lágrimas ahora? Mira, tampoco es a fuerza.

Pero tampoco es. No tiene que ser.

Nadie dijo que lo fuera.

Pero tu quieres.

Pero tu no…

¿Y si mejor vemos esa película boba?

¿Demián Bichir y Susana Zabaleta?

Esa.

Bueno, al menos allí sí cogen.