Cansado, Daniel se recargó junto a la ventana. Ya era y sin embargo no tenía el lujo del sueño. Un rayito de luna atravezaba la delgada cortina, iluminándolo todo. Hasta el polvo se veía lindo a media luz, pensó él, mientras guardaba compostura.
Reflexivo, bebió de un sorbo el café que le quedaba. Su estado distaba mucho del paranóico y sin embargo, los gruñidos que a cada momentos estaban más cercanos, garantizaban que su salud mental, poco a poco, perdería todo estribo.
Una vez más cortó cartucho, decidido a sobrevivir un día más.