La noticia me sorprendió. No la esperaba.
Fallece Carlos Fuentes.
Inmediatamente mi mente se transportó a última muerte lamentable en mi panteón de escritores: Jaime Sabines. Aquella, anticipada por claros problemas de salud; ésta, sorpresiva.
Es agradable cuando las malas noticias lo agarran a uno trabajando porque no reparamos en ellas de manera inmediata. Leí brevemente las notas del Excélsior y seguí la mañana.
Sin embargo, me conozco, mi cerebro no dejó de pensar en el asunto. No durante el resto de la mañana. No mientras pasaba al banco, no mientras manejaba a casa, no mientras comía con Vanessa, no mientras manejaba de regreso a mi oficina. Y desde luego no ahora, en los minutos que le continuaron a mi llegada.
Hace unos momentos, una conversión de chat me abrió la puerta a la reflexión: Fuentes es de los pocos que no sólo se limitan a narrar un hecho interesante: sus intenciones literarias son claramente intencionadas. Su obra, cual escenario, carece de puntos o acentos de sobra: todo es importante. Cada letra, cada oración, cada frase. Cada silencio y escrutinio. Cada escarnio y cada sanguijuela.
Fuentes fue quien me llevó al diccionario innumerables veces y a los libros de Historia muchas otras. Escritor exigente no apto para cardíacos y ni para desmemoriados, su desglose analítico nos tomaba decenas de hojas y un libro de notas, a manera de guión. Es muy fácil perderse entre los nombres, las fechas, los lugares. Entre las sutilezas idiomáticas. Entre el afortunado uso de la lengua francesa para esconder pistas. Entre la numerología para velar una historia. Entre la oscuridad para desaparecer personajes. Entre los Apellidos para limpiar los Nombres.
Repaso mentalmente mis libros favoritos de Fuentes:
- Aura.
- Cumpleaños.
- La región más transparente.
- El naranjo.
- La frontera de cristal.
- Inquieta compañía.
Repaso los libros que aún me falta por leer y me pregunto por qué dejé de hacerlo. Claro, no toda su biblioteca es de mi agrado y se vale.
Repaso la cantidad de veces que he leído los textos de él que disfruté y no sé la cuenta. Repaso la cantidad de veces que he comprado Aura para envolverlo como regalo. Repaso las primeras mágicas líneas de su novela más perfecta “Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D.F. Esto no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta.”
Repaso y pienso que esa verdad, la no-tragedia mexicana, sigue siendo una verdad absoluta: México no es trágico, es tragicómico.
Volver a Fuentes es regresar a mi época universitaria. Al chocolate con Memo en los días fríos. A mis debates odiosos con algunos maestros cuyos nombres omito. A las noches en vela devorando libros y escupiendo café y un ensayo de madrugada.
Repaso aquel día en la FIL que lo vi de lejitos, entrando a la fiesta de Alfaguara y dándome de topes por no aceptar la invitación a esa velada.
No es fácil olvidar a una persona que en vida nos dio tanto. No descansará en mi mente, ni en la de muchos. Desde su pluma más añeja, Fuentes ha forjado el pensamiento crítico de miles; influenciado a miles más.
Me saludas a Artemio Cruz a tu llegada.
Fuentes, sin duda me permitió conocer a los dos hijos de Hernán Cortez. Entender la historia de nuestra conquista desde la perspectiva de la Malinche. Con Carlos Fuentes nació mi deseo por leer, por imaginar, por alcanzar mundos inexistentes que solo se llega con los ojos abiertos y el imaginante puesto en el infinito. Mis sentimientos son muy similares a los tuyos, hará falta Carlos Fuentes caminando entre nosotros.
Y no hay intelectual ni escritor que lo sustituya.
Es lo que yo digo, Carlos Fuentes no es mi escritor favorito, también me resulta muy complejo, sin embargo Aura marcó una diferencia en mi mundo. Incluso alguna vez hicimos una adaptación para radio de esa novela. Pero El Naranjo ha sido inolvidable, especialmente por la fuerza del lenguaje en “Las dos orillas”.
genial, el naranjo!! y aura ni se diga. uno quisiera ser así de genial.
Sabes, el primero que leí fue La muerte de Artemio Cruz, en mis tiempos de mayor ignorancia y no menos entusiasmo por leer. Leía y releía cada frase, cada texto. Y soñaba y reía, y suspiraba por Regina.
Después, La Región mas transparente, el cual se me hacía un mundo imaginario, increible.
Y me sentía pequeño ante ese excelso escrito panameño, mexicano, universal.
Pues creo q es un buen homenaje para Fuentes releerlo.