El aire asemeja
al soplido gélido
que aporta el aliento
de mi refrigerador
Mis manos rosadas
torpes
envuelven con amor
aquella taza de café
En el silencio de un domingo inusual
el televisor rompe
la gélida monotonía
descongelando mis oídos
Mis pies sudan envueltos
mis labios se secan
mis piernas no se mueven
el Sol ya no calienta
El invierno
es cuando acá
en Mexicali
algunos locos
extrañan el verano insoportable
Yo no.
Hace bien señor Durán.
El frío se cura, el calor no.