Mentes

Carolina desvió la mirada del ejecutivo con el dedo medio sobre sus Armani. El hombre acompaña al escritor y ella debía presentarle los documentos a firmar. Nunca supo por qué tenía que hacerse todo aquello en persona, cuando simplemente pudieron mandar los papeles por mensajería y procesarlos a vuelta de correo. No quería estar allí.

El escritor revisa cada hoja con detalle y el ejecutivo se distraía con el escote de ella. No quería estar allí. El día era lindo y hubiese gustado andar en la calle. Además, era la hora del lonche y tuvo que cancelar una cita para traer estos documentos.

Alguien trajo una coca cola y Carolina la bebió de dos sorbos. El escritor la veía, consternado. Ella le respondió sosteniendo su mirada mientras se preguntaba, de nuevo, ¿por qué estoy aquí?

“Por incumplido“, dijo el escritor. “Seguro ahora mismo, señorita, usted se pregunta qué hace aquí y por qué no está afuera disfrutando su lonche. La respuesta .es simple: soy un incumplido. Si mi abogado no me trae directamente no firmo nada. Usted disculpará, pero así soy. Ahora deje de mirarme como boba.”

¿Lee mentes? Pensó ella.

“No, no leo mentes.” Respondió él, “pero su rostro me lo dice todo.” Él firmó el último papel, se puso de pie y salió de la habitación mientras ella, pasmada, buscaba otra coca cola.