Nada diré de falsas esperanzas
ni de citas a ciegas con tus labios,
nada quiero saber de los agravios
ni de tus ojos crudos como lanzas.
Olvidaré tu piel cuando la danza
de nuestra desnudez nos vuelva sabios,
de cuando sobre mí quedó el resabio
y un terrible deseo de venganza.
Sé que ha llegado el tiempo de olvidarte,
de recoger tu risa con las manos,
de renunciar al miedo de soltarte.
Viviré con el duelo cotidiano
de una vida vacía, sin besarte,
seré sólo de ti un recuerdo vano.
El ejercicio del soneto se describe ACA.