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Soneto a un corazón cansado

Nada diré de falsas esperanzas
ni de citas a ciegas con tus labios,
nada quiero saber de los agravios
ni de tus ojos crudos como lanzas.

Olvidaré tu piel cuando la danza
de nuestra desnudez nos vuelva sabios,
de cuando sobre mí quedó el resabio
y un terrible deseo de venganza.

Sé que ha llegado el tiempo de olvidarte,
de recoger tu risa con las manos,
de renunciar al miedo de soltarte.

Viviré con el duelo cotidiano
de una vida vacía, sin besarte,
seré sólo de ti un recuerdo vano.


El ejercicio del soneto se describe ACA.

Ejercicio “especial” #2: El espíritu de Shinichiro.

Pequeña historia: un amigo me preguntó hace un par de semanas ¿qué ejercicio pondrías si fueras juez? Octavas reales o algo así complicado, respondí. Corte a esta mañana: ¿irónico destino o justicia poética?

PD: Mini corrección al texto. Eso de “opulentísima” me parece muy desfavorable. Con el perdón del escritor.


Una mujer bella, del norte de África, toma un taxi en el hotel Ancira de Monterrey. Durante el viaje, la mujer no dice más que la dirección a la que se dirige: una opulenta mansión en San Pedro. Se baja y un vigilante de traje y lentes oscuros sale a pagar por el viaje. Ya de regreso en el centro de la ciudad, el taxista escucha el timbre de un teléfono celular y se da cuenta que la mujer dejó su bolso en el asiento de atrás. Toma el bolso, hurga un poco en él y el teléfono vuelve a sonar. Contesta instintivamente. Una voz dice: “Te vas a arrepentir”.
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