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Ritual Pallawah

Balame, el Dios creador, de un soplo nos hace ser. Su semilla ha pasado, desde tiempos sin memoria, de padres a hijos. En el ritual de la muerte, el cuerpo del padre es incinerado. Una vez hecho polvo, el primogénito honra su memoria aspirando sus cenizas, recuperando la semilla original de Balame, perpetuando su legado bendito.

En silencio aspiro las cenizas de mi padre. Cierro los ojos y me concentro en su memoria. Respiro profunda y pausadamente mientras el polvo ancestral recorre mi cuerpo. Mis brazos, mis piernas, mis rodillas, mi espalda. Su fuerza y espíritu Pallawah se manifiestan en mi corazón: mi pulso se acelera, se detiene, se acelera. Escucho su voz con claridad. Su sangre está en mi sangre, su cuerpo está en mi cuerpo. Soy piel, soy sudor, soy vientre. Abro los ojos lentamente. Exhalo. Mi familia me ve y se inclinan: soy mi padre.


El ejercicio esta AQUI.

Santos atracos, Batman

ESCENA: INTERIOR DE UNA JOYERÍA CON VARIAS VITRINAS. AL FONDO UN LETRERO: “JOYERÍA”. AL LADO DERECHO UNA VENTANA, LA LUZ DE LA CALLE SE CUELA. ARRIBA UN TRAGALUZ, LA LUNA ILUMINA TODO EL ESCENARIO.

LADRÓN1.
Un hombre se asoma por la ventana, la fuerza y entra cautelosamente. Otro Ladrón le sigue.

LADRÓN2.
Se acerca a una de las vitrinas y acaricia el vidrio. Los dos ladrones se ven y se abrazan, al momento que saltan jubilosos.

L1. Del pantalón saca un martillo y quiebra la vitrina.

EFECTO. CRISTAL ESTRELLÁNDOSE.

BATMAN. Desciende del tragaluz, con los brazos en cruz sosteniendo su capa.

L1 Y L2. Ven a Batman bajar. Se abrazan temblando de miedo y gritan: ¡ahhh!

B. Toca el suelo y salta sobre los ladrones separándolos de un golpe.

L1 Y L2. Se ponen de pie y rodean a Batman.

L2. Saca un revolver y apunta a Batman.

B. Saca un búmeran y lo lanza a las rodillas del Ladrón2, golpeándole.

L2. Recibe el golpe y cae de rodillas. El revólver se dispara. La bala atina al otro ladrón.

L1. Recibe el balazo en el estómago. Sangre brota de su vientre. Sus rodillas flaquean. Desfallece.

B. Salta sobre el ladrón 2. Toma el revólver. Saca unas esposas de su cinturón y lo aprehende.

SONIDO: LA SIRENA DE UNA PATRULLA.

EFECTO: LUCES ROJAS Y AZULES, INTERMITENTES, ILUMINAN LA JOYERÍA.

SONIDO: TIMBRE DE TELÉFONO.

B. DE FRENTE AL PÚBLICO. Contesta su celular. Sonríe y dice: Hmmm. Se soba el estómago con un movimiento circular, da media vuelta y sale por el fondo.

EFECTO: LA LUZ DEL ESCENARIO SE DESVANECE.


Este ejercicio de teatro mudo está descrito AQUI.

Agregado a ¡Diles que no me maten!, de Juan Rulfo

Sin disculpas… tuve un percance con mi internet.

SINÓPSIS AGREGADA:
Mientras Juvencio dormitaba, esperando su fusilamiento, la mujer de Lupe Terreros se acercó a él para reclamarle la muerte de su marido. En esta breve charla le revela que el Coronel es hijo suyo y Justino hijo de Lupe. Resultado ambos de una borrachera donde don Lupe y don Juvencio, confundidos por el alcohol, intercambiaron lechos.
Juvencio aceptó su muerte al saber que había matado al padre de Justino, a quien amaba como hijo, y que su propio hijo era quien lo sentenciaba.


El ejercicio que da pie a esta sinópsis es ESTE.

Soneto a un corazón cansado

Nada diré de falsas esperanzas
ni de citas a ciegas con tus labios,
nada quiero saber de los agravios
ni de tus ojos crudos como lanzas.

Olvidaré tu piel cuando la danza
de nuestra desnudez nos vuelva sabios,
de cuando sobre mí quedó el resabio
y un terrible deseo de venganza.

Sé que ha llegado el tiempo de olvidarte,
de recoger tu risa con las manos,
de renunciar al miedo de soltarte.

Viviré con el duelo cotidiano
de una vida vacía, sin besarte,
seré sólo de ti un recuerdo vano.


El ejercicio del soneto se describe ACA.

Añaperos

Todas las tardes me siento junto a la ventana a leer el New York Times, donde espero saber algo de Ella. La conocí en un diner en la esquina de la Octava y 32. El local es pequeño. Tiene una barra de madera tallada y un ventanal muy indiscreto. El comedor estaba casi vacío y un sombrero gris de mirada astuta sorbía un caldo, ignorándome. Me senté donde siempre. Henry, el chico de la barra, me sirvió café. La puerta rechinó y Chance de Chanel invadió el lugar. Seguí el aroma hasta una mujer joven de tez blanca, ojos café y vestido rojo. Se sentó a mi lado y musitó: “I’ll have what he’s having.” Noté su enfado cuando le sirvieron café negro. Por suerte, eso no impidió que riéramos por horas. Salimos tomados del brazo y en la madrugada, junto a una botella vacía de Malbec, sentí sus besos suaves, sus labios como burbujas diciéndome “Good-bye”. Supe que no la vería de nuevo, mas no pude impedir que se fuera.
Hace un mes encargué este óleo: yo, sentado y leyendo el Diario; ella, rozando sus dedos contra el piano. Al colocarlo sobre la chimenea recordé el nombre de aquel perfume y comprendí lo trivial de mi búsqueda: desde entonces no he dejado de leer.


El ejercicio está ACA.
Cuarto en NY

Ejercicio #7. Hello, ¿Kitty?

Beatriz caminaba a la vera del Río Santa Catarina cuando divisó un taxi, al margen del torrente. Avanzó hacia el auto. Se asomó por la ventana del pasajero y vio un bolso de mujer, con el cierre abierto y el contenido regado en el asiento. Hurgó con la vista los distintos objetos y ubicó un teléfono celular. El aparato era rosa, decorado con calcomanías de Hello Kitty. Le gustó en seguida.
Buscó una piedra y la arrojó contra la ventanilla. Roto el cristal, tomó el aparato. Lo limpió con la camiseta y, a punto de guardarlo, timbró. Por instinto, Beatriz contesta y una voz dice: “Te vas a arrepentir”. Beatriz, sabiendo que la llamada no era para ella, responde: “¡Arrepentirme de qué, baboso!”. Su interlocutor guardó silencio y exclamó: “¡Felicidades, Camila! Es usted la flamante ganadora de…”. Clic. Beatriz sacó del bolso una calcomanía de la gata japonesa, la pegó en el celular y lo apagó. “Fabiola se morirá de envidia.”, se dijo, mientras guardaba el aparato en la mochila.


El ejercicio 7, ACA.
En el taller, revisen los comentarios de los jueces sobre los ejercicios Borgeanos AQUI.

Ejercicio #6: Recuerdos Borgeanos.

Indudablemente sentí algo, respondió Borges. Guardé silencio esperando uno de sus discursos eruditos, llenos de filosofía, notas históricas y falsas referencias bibliográficas. Una ligera brisa zumbó entre nosotros y el fleco de María Kodama vaciló por un segundo, cubriéndole el rostro. Borges, con el único ojo bueno que le quedaba, me miró a los ojos como buscando el punto que contenía todos los puntos. Incliné la cabeza a la derecha y alcé una ceja, como preguntando ¿Y qué más, Borges?
Indudablemente, repitió. Dio marcha atrás y se alejó en el auto. ¿Quién podrá escribir qué dirá Borges?


El ejercicio seis está acá.
Por cierto… visiten el blog TALLER. Siempre vale la pena leer los comentarios de los jueces.

Ejercicio “especial” #3: la gotera que derramó el vaso.

A la prensa:

Soy piruja de barrio, baratita. De mamada por tostón. Desde los 15 años, Don Teofilito me llevó a conocer el Zúmbale. Un antro de medio pelo, pero chido. La primera vez que fui les juro que fue con engaños. Don Teo me dijo: Usté tiene cara de artista. Me recuerda a Consuelo Duval. Y una de creidota… pues todo le creí. Me presentó a unos hombres muy guapos. De esos que se ponen olores antes de salir. Con sus carrotes nuevos y toda la cosa. Cuando me invitaron a dar la vuelta les dije juega el pollo(algo así de tonto) y me trepé al Cavalier. El resto del cuento está como show de la Pinal, así que ya ni les digo. Y luego, ya en el oficio, pues le seguí. Pero nunca olvidé la cara de Don Teo sudando, sonriendo, impulsando su peso sobre el mío. Los hombres son unos cabrones. Unos hijos de puta. Todos. Yo los maté. ¡A huevo! Pero sonrientes, calientes y bien cogidos. Ya quisieran todos que así los mandara una al infierno.

PD: Gracias, Sabinazo, por ayudarme a escribir esto.

Ejercicio “especial” #2: El espíritu de Shinichiro.

Pequeña historia: un amigo me preguntó hace un par de semanas ¿qué ejercicio pondrías si fueras juez? Octavas reales o algo así complicado, respondí. Corte a esta mañana: ¿irónico destino o justicia poética?

PD: Mini corrección al texto. Eso de “opulentísima” me parece muy desfavorable. Con el perdón del escritor.


Una mujer bella, del norte de África, toma un taxi en el hotel Ancira de Monterrey. Durante el viaje, la mujer no dice más que la dirección a la que se dirige: una opulenta mansión en San Pedro. Se baja y un vigilante de traje y lentes oscuros sale a pagar por el viaje. Ya de regreso en el centro de la ciudad, el taxista escucha el timbre de un teléfono celular y se da cuenta que la mujer dejó su bolso en el asiento de atrás. Toma el bolso, hurga un poco en él y el teléfono vuelve a sonar. Contesta instintivamente. Una voz dice: “Te vas a arrepentir”.
Seguir leyendo Ejercicio “especial” #2: El espíritu de Shinichiro.

Ejercicio #5: La tortura de la esperanza.

Tomé este párrafo:

El rabí Abarbanel, seca la boca, embotado el rostro por el sufrimiento, miró sin atención precisa la puerta cerrada. “¿Cerrada?…” Esta palabra despertó en lo más íntimo de sus confusos pensamientos un sueño. Había entrevisto un instante el resplandor de las linternas por la hendidura entre el muro y la puerta. Una esperanza mórbida lo agitó. Suavemente, deslizando el dedo con suma precaución, atrajo la puerta hacia él. Por un azar extraordinario, el familiar que la cerró había dado la vuelta a la llave un poco antes de llegar al tope, contra los montantes de piedra. El pestillo, enmohecido, no había entrado en su sitio y la puerta había quedado abierta.
Seguir leyendo Ejercicio #5: La tortura de la esperanza.